Domingo, junio 17

El “fueguito” de Milstein. Entrevista a Gabriel Rabinovich

02/02/2015. En la ciencia no hay héroes. Hay mentes brillantes, hombres y mujeres que han trabajado (y trabajan) mucho. No hay héroes, pero hay historias. Hay relatos basados en hechos concretos que pueden inspirar.

“Un fueguito”. Es el nombre con el que la directora Ana Fraile tituló su documental sobre la vida de César Milstein. Una historia digna de contar más allá del premio Nobel (1984). Milstein fue un inmunólogo comprometido con la sociedad desde su lugar, la investigación científica. Creía que los resultados de la investigación debían estar disponibles para cualquiera y afirmaba que “…la ciencia se aprehende a través de los grupos de trabajo”. En ese sentido, con su equipo desarrolló la producción de anticuerpos monoclonales, uno de los pilares del conjunto de trabajos sobre cáncer que se realizan en la actualidad.

Son varios los grupos de científicos y técnicos que desde Argentina promueven investigaciones innovadoras frente a una “enfermedad” tan compleja. Es un trabajo sistemático de muchos años. El Dr. José Mordoh, por ejemplo, lidera un equipo en la Fundación Instituto Leloir que diseñó una vacuna para tratar el melanoma (cáncer de piel). Mordoh trabajó de manera asociativa con César Milstein. En la misma Fundación Instituto Leloir, el Dr. Osvaldo Podhajcer utiliza técnicas de ingeniería genética para desarrollar virus terapeúticos que ataquen las células que componen el tejido tumoral.

El “fueguito” de Milstein también está latente en otro equipo de científicos locales. Promueven a la investigación como un proceso integral de mejoramiento de condiciones de vida, y al trabajo en equipo como eje de la producción científica. Es el grupo liderado por Gabriel Rabinovich (46). Desde el del Laboratorio de Inmunopatología del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME) del CONICET, investigan una de las características centrales del cáncer, su capacidad de generar escape de la respuesta inmune.

¿Qué significa hacer ciencia conectada con las necesidades sociales?

Tiene que ver con responder preguntas que son importantes para mejorar la vida de las personas. En el caso del cáncer en particular, son interrogantes que podrían generar nuevas terapias.

¿Es lo que se denomina ciencia aplicada?

Personalmente creo que no hay una disociación entre la ciencia básica y la aplicada. Hay una conversación y un dialogo bidireccional entre ambas, ya que la aplicación requiere de la generación de dichos conocimientos y dichos conocimientos no se pueden generar sin haber comprendido las necesidades de la clínica, del paciente, del sistema de salud.

¿La relación tiene que ver también con el contexto?

Claro. Sin un contexto social la ciencia no tiene sentido. El contacto social de las conocidas ciencias duras (que ya no son tan duras) se refleja al responder aquellas preguntas que puedan mejorar la vida de la sociedad. En este sentido es que sin ciencia no se puede vivir.

¿Cómo llegaron a trabajar con enfermedades inmunológicas?

Todo nuestro  trabajo comenzó hace mucho tiempo casi de casualidad, cuando a los 23 años –haciendo el final de mi carrera de bioquímica- integré un grupo donde generamos unos anticuerpos hacia unas proteínas (llamadas lectinas) que se purificaron de la retina del pollo. Con los años y al comenzar a trabajar en inmunología, recurrí a esos anticuerpos –que no tenían nada que ver cáncer en su momento- y uno de ellos reconoció una proteína que producían los tumores, la “Galectina 1” y comprendimos que es utilizada por los tumores para poder escaparse de la respuesta inmunológica.

Pero el descubrimiento de “Galectina 1” como la respuesta tumoral al sistema inmune se conoció a sus 36 años, ¿cómo se trabaja durante tantos años sin la certeza de un resultado concreto?

Una ciencia saludable implica no empecinarse con hipótesis ante resultados adversos, sino buscar caminos novedosos para encontrar las respuestas. En ese sentido, el trabajo en equipo es clave en el aporte de perspectivas y puntos de vista diferentes, que más rico es cuando los equipos se conforman con profesionales de distintas generaciones y diversas disciplinas. En nuestro laboratorio somos 27, y conformamos un grupo muy sui generis del que soy el coordinador. Francamente hemos generado un espacio heterogéneo, pluralista y de mucha participación que de algún modo explica los resultados de nuestro trabajo. Podemos diferir en opiniones pero siempre el objetivo en común es abrir nuevos caminos: si lo podemos pensar , lo podemos hacer.

Por Gonzalo Soloaga

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