Sábado, julio 21

Quien cocina no lava

10/03/2015. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, Gloria Dubner -investigadora superior del CONICET y directora del IAFE- aporta su mirada respecto de cómo se viven las desigualdades de género en la ciencia argentina: “no se puede tener que elegir entre carrera o familia”.

Por Gonzalo Soloaga

“En CONICET no hay discriminación para los concursos y no hay diferencias salariales por género. Pero las desigualdades domésticas se trasladan a la carrera científica como en cualquier otra profesión”. De esta manera, para Gloria Dubner en la actualidad el centro de la discusión se encuentra en la problemática articulación de los ejes trabajo-familia, ciencia-sociedad.

“Se repite la escena en la cual una pareja vuelve a su casa luego de trabajar todo el día y mientras el hombre enciende la TV al compás de la frase ‘que cansado estoy’, la mujer comienza a preparar la cena.” Dubner asegura que pese a que estas prácticas desiguales están cambiando con las nuevas generaciones, y más aún en parejas de científicos, están latentes en tareas que recaen “naturalmente” sobre las mujeres.

“Es la combinación entre una sociedad históricamente machista y la naturalización de la misma por parte de mujeres que no queremos desatender nada.” Esta elección de la que habla Gloria Dubner aparece como la figura de un deber ser, una moral familiar que pareciera atravesar más a las mujeres que a los hombres. “Y esto es determinante en la producción científica femenina, porque la responsabilidad principal de la crianza sigue reposando en las mujeres” agrega.

La socióloga Dora Barrancos, directora del área de Humanidades y Ciencias Sociales del CONICET, es de la idea de que la lucha por los derechos de las mujeres debe darse también en el plano de la conciencia. Barrancos propone que mayores derechos para las mujeres implican necesariamente más derechos de civilidad para los varones. Donde la civilidad significa reconocer la igualdad de oportunidades frente a los cuidados domésticos y familiares.

Los avances en materia de género han sido significativos en los últimos años, más aún cuando se contempla, por ejemplo, que en la Argentina el divorcio se reconoció legalmente recién en el año 1987. La norma no cumple todavía 30 años de antigüedad. No obstante, han cambiado muchas cosas en el ámbito de la ciencia.

Cuando Gloria Dubner  era becaria no se otorgaba ni licencia ni se contemplaban prorrogas por maternidad. En 1982, estando embarazada de 9 meses, las autoridades de la Facultad no le autorizaron adelantar su defensa de tesis doctoral y tuvo que exponer su tesis sentada debido al peso de su panza. Hora después dio a luz a Gabriel, el segundo de sus tres hijos.

Fue para esa época que junto con su maestra Virpi Niemelä (1936-2006) y otras colegas fundaron la Asociación Latinoamericana de Mujeres Astrónomas (ALMA). Desde ese espacio discutían y visibilizaban las problemáticas de género en el campo de la astronomía.  La misma Niemelä afirmaba que “las carreras de las mujeres suelen construirse sobre los hombros de otras mujeres. Muchas veces el precio es limitar el número de hijos o no casarse”.

Tiempo después, en 1994 surgió, por iniciativa las Dras. Silvia Kochen, Ana Franchi y Diana Maffía, la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCyT), desde donde comenzaron a realizar sistemáticamente investigaciones relacionadas con la temática. La militancia de este tipo de entidades, a la que se sumó el reclamo de los becarios, encontró correspondencia con reivindicaciones, que en el Directorio del CONICET, con la presidencia de Marta Rovira y la actuación de Dora Barrancos en particular, promovieron que en la actualidad se reconozca una licencia de 100 días de maternidad y la posibilidad de prórrogas en las diversas obligaciones para las becarias mujeres. Los hombres en cambio, gozan de 5 días de licencia posteriores al nacimiento.

Con motivo de una nueva conmemoración del día internacional de la mujer, el CONICET informó que “en la actualidad las mujeres son mayoría…: representan el 52 por ciento de los investigadores y el 60 por ciento de los becarios.” Asimismo,  dio cuenta que “en 2003 ellas constituían el 40% de los investigadores independientes, el 27% de los principales y sólo el 18% de los superiores, mientras que en 2014 ya representaban el 48% de los independientes, el 39% de los principales y el 25 % de los superiores”.

Es en este último sentido -en las jerarquías- donde se presentan las mayores diferencias entre hombres y mujeres en ciencia. Fuera de los números, existe un consenso general de que no hay discriminación explícita. Frente a ello se presentan dos explicaciones para el fenómeno: una que pone el foco en determinaciones institucionales, y otra que lo atribuye decisiones individuales de las mujeres en ciencia.

La primera es conocida como el “techo de cristal”, donde pese a no haber impedimentos legales o de cupo las mujeres igualmente acceden a los grados superiores. La segunda encuentra su fundamento en la decisión por parte de las mujeres de resignar los puestos de mayor responsabilidad para no desatender las tareas domésticas y responsabilidades familiares.

“No se puede tener que elegir entre carrera o familia. Tenemos que generar las condiciones para que el camino sea: carrera y familia” enfatiza Gloria Dubner. La astrónoma, que es la primera y única en llegar a la categoría de investigador superior en su campo, relata que como miembro de la Comisión de Ingreso a Carrera del CONICET, ve con claridad la relación entre la baja de productividad  de las mujeres y el nacimiento de los hijos. “Lo mismo sucede frente a enfermedades graves de los  padres, por lo general es la mujer la que asume esas responsabilidades” afirma.

El estudio elaborado por la RAGCyT “Evolución de la situación de las Mujeres en el sector de Ciencia y Tecnología en Argentina (1998-2013)” pone de manifiesto que las diferencias en términos jerárquicos viven un proceso de transformación. En 1998 solo el 9,6% del total de los investigadores superiores eran mujeres; en 2013 la cifra ascendió a 37%. Por los datos brindados la tendencia se traslada a la generación subsiguiente representada en la categoría de investigador principal.

La historia de la astronomía argentina en general, y el IAFE en particular son testimonio de mujeres de la ciencia que han estallado “modificando el entorno de manera irreversible”. Marta Rovira, por ejemplo, es astrofísica y no solo también dirigió el IAFE, sino que fue la primer mujer presidenta (2008-2012)del CONICET en sus más de 50 años de vida. Virpi Niemela y Gloria Dubner fueron distinguidas con el bautismo de asteroides con su nombre en reconocimiento a su labor, el 5289 y el 9515 respectivamente. A su vez, Niemela fue la primera mujer en obtener un Premio Konex de Platino en 2003.

“Queda mucha tela para cortar, pero lo logrado hasta aquí es un piso en términos de igualdad de género”. Dubner se despide y luego de pasar más de 10 horas en el IAFE vuelve a su casa. La espera su marido. Él hizo las compras y lavará los platos, ella elige cocinar.

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