Entrevista exclusiva al Dr. Guido Iantorno y al Dr. Ing. Edgardo Comas, creadores de un sistema de manometría gastroenterológica de amplia validación práctica en hospitales y clínicas de todo el país, a propósito de la oportunidad de inversión que presenta el desarrollo de la nueva versión en alta resolución.
Guido Iantorno es un médico clínico de amplia referencia en gastroenterología, con formación de posgrado en la Universidad de Milán y una destacada trayectoria docente en anatomía y farmacología en la UNLP y la UBA. Lideró las unidades de Motilidad Digestiva en el Hospital de Clínicas y en el Hospital Udaondo, fundó el Instituto de Gastroenterología Integral (INGI) y tuvo un importante rol institucional como cofundador y expresidente del Círculo de Motilidad Digestiva (CIDEMO). Su prolífica labor incluye además la autoría de numerosos trabajos científicos que fueron publicados y presentados en congresos nacionales e internacionales.
Edgardo Comas es Ingeniero en electrónica por la UTN – Facultad Regional Buenos Aires, donde además es docente universitario desde 1984. Especializado tempranamente en el procesamiento de imágenes satelitales mediante una beca en la Comisión de Actividades Espaciales, desarrolló una extensa carrea profesional en el CITEDEF, el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa. En 2020, alcanzó además el grado de Doctor en Ingeniería con mención en procesamiento digital de señales e imágenes, gracias a su reconocida tesis doctoral sobre “Modelado e Implementación de Sistemas de Navegación Aérea Autónoma Basada en Visión Artificial”.
A mediados de la década de 1980, Guido Iantorno y Edgardo Comas decidieron combinar sus disciplinas y especialidades, para iniciar juntos un largo camino de innovación tecnológica: el diseño de un equipo de motilidad digestiva y la creación de “Magna”, un potente software de adquisición, procesamiento y análisis de señales e imágenes para la realización de estudios de manometría gastrointestinal. Durante casi cuatro décadas, el software fue probado en diversos ámbitos clínicos, logrando así un proceso de optimización y validación práctica que cuenta con resultados abundantes y técnicamente robustos. Sobre esta sólida base, iniciaron recientemente un nuevo proceso de innovación para adaptar el desarrollo a los estándares de Manometría de Alta Resolución definidos por la Clasificación de Chicago v.4.0. Con ese propósito, buscan asociarse con una empresa inversora que sea capaz de aportar los recursos y las capacidades necesarias para completar la optimización, escalar la producción del hardware e impulsar la comercialización.
Desde Innova-T visitamos el Instituto de Gastroenterología Integral en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, para conversar con ellos sobre el origen de esa particular cooperación para la innovación tecnológica, la situación actual del desarrollo acumulado y su potencial de futuro.

INNOVA-T: Empecemos por el principio: ¿qué son los estudios de manometría y cómo surgió la idea de desarrollar nada menos que un software propio?
GUIDO IANTORNO: Fue en la década de 1980, cuando en Argentina recién empezaba a cobrar importancia el tema de los trastornos de la motilidad digestiva. Hasta ese momento sólo se le daba importancia a lo orgánico, a lo que se ve, como las úlceras o las inflamaciones intestinales, pero aún no se consideraba lo que no se veía. Entonces empezó a surgir el interés por las enfermedades funcionales, las alteraciones de la motilidad, es decir, del movimiento, pero también de la sensibilidad, lo que suponía medir el umbral por el cual se puede sentir o no cierto estímulo. Así surgieron en el país los primeros estudios de esófago, pero que se hacían con un equipo muy rudimentario. Fue en el año 1982, más o menos, cuando mi jefe en el Hospital de Clínicas, el Dr. Arabetti, me dice: “Metete en el tema de la motilidad y la sensibilidad, que todavía está en pañales y es lo que más va a crecer en los próximos años en la gastroenterología argentina”. Y así fue como empezamos a estudiar el tema juntos, reuniéndonos los sábados a las 7 de la mañana para trabajar con los recursos que teníamos. Hasta que un día llego al hospital y me pregunta si no me quería ir a Italia, donde estaban trabajando muy fuerte en todo eso, no solamente con esófago y recto como acá, sino también con estómago, intestino delgado y colon. Entonces me fui unos meses y cuando volví monté, con el apoyo de mi jefe, la Unidad de Motilidad Digestiva del Hospital de Clínicas. Empezaron a venir residentes, después residentes de otros hospitales, residentes del interior, residentes del exterior y la cosa fue creciendo. Y fue ahí cuando tomé contacto con Edgardo [Comas] y con Juan [Quarleri] y les pregunté si podíamos fabricar un equipo propio para hacer los análisis. Me respondieron que tenían que ir al hospital, llevar un osciloscopio, tomar las señales y evaluar si se podía o no se podía. Finalmente se pudo. Y así nació el primer equipo que llamamos AGI, Análisis Gastroenterológico Integral, que corría en una computadora chiquita y pesadísima. Ese fue el inicio de todo.
INNOVA-T: ¿Y vos Edgardo ya venías trabajando en temas relacionados con ese desarrollo?
EDGARDO COMAS: Claro, yo venía trabajando en el tema de análisis de estudios electroencefalográficos con computación, aunque también con equipos muy rudimentarios. Por eso es que conocía bien la arquitectura interna de las plaquetas gráficas, de la computadora. Pero eran los años 80 y el programa debía correr en DOS con XT, por lo que tuvimos que trabajar bastante para poder conseguir una dinámica aceptable de visualización de los trazados gastroenterológicos. Pero bueno, finalmente pudimos ir resolviendo y producir la primera serie de estos equipos, que entonces se llamaban AGI y que incluía el software propio y un sistema de adquisición de datos de perfusión por agua con cuatro canales, que era el estándar de todo el mundo. Más allá de la bomba de perfusión, que es algo mecánico, la innovación estaba principalmente en la parte electrónica, que fuimos aggiornando velozmente en cuanto a las interfaces, para tratar de aislar al paciente de la red tomando las máximas medidas de seguridad. Cabe mencionar que el AGI que desarrollamos, fue contrastado en el Hospital de Clínicas contra un equipo importado marca Synectics. Se hizo simultáneamente un estudio en un paciente con el Synectics y con el AGI y se comprobó que los resultados eran iguales.
G. I.: A partir de esa experiencia, ya nadie tenía duda de que el equipo AGI funcionaba bien.
E. C.: Después de eso, el segundo hito fue cuando Guido llevó el equipo a las salas de operaciones.
G. I.: En esa oportunidad hicimos algo que no se había hecho nunca: cuatro estudios de manometría de esfínter de Oddi, en cuatro hospitales públicos distintos: el Hospital de Clínicas, el Hospital Alemán, el Mater Dei y el Argerich.
INNOVA-T: ¿Y fue a partir de ahí que AGI evolucionó hacia Magna?
E. C.: Claro. Por un lado, evolucionó el hardware modificando el sistema de adquisición, principalmente porque había evolucionado la electrónica y ahora teníamos plaquetas mucho más compactas. Pero, además, porque pudimos hacer un enlace de radiofrecuencia entre la bomba de perfusión y la computadora, permitiendo que la computadora donde corre el software se desvinculara totalmente del equipo. Después, ese mismo enlace pasó a ser vía bluetooth y finalmente pasamos a un enlace Wi-Fi, que es el que está funcionando ahora. En cuanto al software, se fueron agregando funcionalidades a la parte de adquisición y a la parte de análisis para cada uno de los estudios mencionados, tomando en consideración los requerimientos y necesidades de Guido para las mediciones, registros, impresiones, etc. Y así fue como nació la idea de fabricar una nueva versión del equipo de perfusión por agua, con la nueva versión del software de adquisición, procesamiento y análisis de señales para estudios de manometría gastrointestinal, ahora denominado “Magna-Ars”.
G. I.: El Magna, como lo llamamos desde entonces, lo utilizamos principalmente acá en el IGI [Instituto de Gastroenterología Integral] y en el Hospital Udaondo, pero también fue incorporado por muchos otros profesionales del país, en la Provincia de Buenos Aires, en Salta, en Tucumán, en Corrientes… Porque los resultados que mostrábamos nosotros en distintos congresos y publicaciones, eran iguales a los que mostraba la gente de Europa y de Estados Unidos. Los mismos tipos de trazado, la misma interpretación. Estábamos a la altura de la tecnología del momento. Como usuario de ese software, tengo que destacar además la exactitud en los gráficos, la fácil recolección de datos e inclusive la fácil interpretación.
E. C.: Como desarrollador, puedo hablar de la calidad de la medición. Magna es un software que mide bien, toma bien los tiempos, las mediciones que calcula y muestra en pantalla son las correctas. Durante la primera fase se introdujeron señales sintéticas perfectamente conocidas y uno sabía qué resultados iba a dar el software de análisis como para validarlo. Después se pasó a la parte de la utilización y validación con pacientes reales. Es un software que fue realmente muy evaluado, tanto con señales sintéticas como en pacientes reales, por casi cuatro décadas.

INNOVA-T: Ahora están desarrollando una nueva versión de Magna para realizar estudios de alta resolución. ¿De qué se trata esa nueva versión y en qué grado de desarrollo se encuentra?
E. C.: El núcleo de adquisición de datos es el mismo. La diferencia respecto de la versión anterior está en la presentación de los datos, que es un mapa de presiones en función de la distancia y del tiempo. Es un mapa de colorimetría en donde a cada punto se le asigna un color en función de la presión y la distancia a la cual está el sensor dentro de la sonda, y eso va variando en función del tiempo. Después, en la parte de análisis, hace los informes siguiendo los estándares más avanzados de Chicago. En cuanto al grado de avance, te diría que estamos en un 70%, lo que falta, básicamente, es tiempo de programación. Y obviamente, definir en qué tipo de hardware para la adquisición de datos en alta resolución conviene utilizarlo, ya que de eso depende además el tipo de sonda que utilizará. En principio, pensamos que lo mejor sería fabricar un equipo de perfusión con agua de carácter modular, que pueda ir acumulando series de 8 canales hasta alcanzar los 40 canales, lo que sería una novedad para este tipo de tecnología.
G. I.: Claro, porque cuantos más canales tenga un equipo de perfusión por agua, mayor definición, mayor resolución tendrá el estudio y más confiable será el resultado. Y no hay en el mercado equipos de perfusión que tengan 40 canales. Hay otro tipo de equipos de alta resolución que usan sondas con microtransductores, pero cada una de esas sondas importadas valen 28.000 dólares y garantizan nada más que 200 estudios, por lo que sólo los hospitales o instituciones con gran poder adquisitivo las pueden comprar.
INNOVA-T: De todas formas, ahora ustedes buscan asociarse con una empresa que esté interesada en adquirir el software desarrollado. Llegado el caso, la tecnología hardware es algo que podrán evaluar conjuntamente en función de la estrategia de fabricación y comercialización.
E. C.: Exacto. Por eso es importante destacar que Magna es un software que incorpora los datos a través de los distintos canales de comunicación que tienen las computadoras, como RS-232, USB o Wi-Fi. En otras palabras, por ahora no es un software dependiente del hardware, a lo sumo de la interfaz electrónica que utilice el hardware de la adquisición de la sonda para enviar la información a una computadora con el protocolo que tiene Magna, que además es muy sencillo. Eso además permitiría ofrecer al usuario una prestación adicional que no tienen otros equipos que se ofrecen en el mercado: la posibilidad de que alguien más pueda monitorear el estudio desde otra computadora remota.
INNOVA-T: Esa versatilidad propia de Magna permitiría ampliar la demanda, para ser usado por ejemplo en actividades de formación y capacitación. ¿Podría también ser adaptado a otro tipo de aplicaciones más allá de los estudios de gastroenterología para el que fue desarrollado?
E. C.: El software Magna tiene una concepción de programación totalmente modular, en donde cada módulo es un programa independiente y puede adaptarse a distintos tipos de estudio. Toda la arquitectura del software está sustentada en algo muy probado a través de casi 40 años en gastroenterología, pero haciendo la programación respectiva de un módulo en particular, perfectamente podría aplicarse a otros campos de aplicación como, por ejemplo, el de la electroencefalografía.
G. I.: Esa posibilidad tiene muchísimo potencial en la actualidad, porque ya no hablamos sólo de gastroenterología, ni siquiera de motilidad, hoy se habla de neurogastroenterología, que es la relación entre el cerebro y el intestino. La neurogastroenterología abarca patologías que antes se conocían como colon irritable, dispepsia, dolor abdominal crónico recurrente, en fin, toda una serie de patologías que hoy en día se denominan trastornos del eje cerebro-intestino, a lo cual ahora se suma la microbiota.
E. C.: Cada caso dependerá, obviamente, del hardware que se utilice para la adquisición de los datos. Pero toda la experiencia acumulada en Magna tiene un enorme potencial de futuro para desarrollar una amplia variedad de softwares de adquisición y procesamiento de señales e imágenes para aplicaciones médicas.

por Federico Nacif



