Entrevista al Dr. Ernesto Julio Calvo, investigador superior de CONICET y cofundador de la flamante LitiAR®.
El reconocimiento internacional de Ernesto Calvo se consolidó en 2017 cuando fue galardonado con el premio Bright Minds Challenge, por su novedoso método de extracción directa de litio mediante electroquímica. Tiempo después, se asoció con la empresa química Laring SRL para crear LitiAR® Sustainable e-DLE SA, una nueva empresa tecnológica especializada en extracción directa de litio, que busca atraer inversión privada para avanzar hacia la escala piloto.
Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Buenos Aires y Doctor en Química por la Universidad Nacional de La Plata, Ernesto Calvo realizó estancias de investigación posdoctoral en el Imperial College de Londres y en la Case Western Reserve University de EE.UU. En 1985 regresó a la Argentina y se incorporó al sistema científico nacional como investigador del CONICET y docente en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, donde creó el Laboratorio de Electroquímica Molecular y en 1992 participó de la fundación del Instituto de Química, Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE), instituto que pasó a formar parte de CONICET en 1995 y del que finalmente fue su director entre 2008 y 2018.
En conversación con Innova-T, el Dr. Ernesto Calvo repasa su experiencia en materia de vinculación tecnológica, nos cuenta el origen de la nueva empresa de Extracción Directa de Litio y nos invita a repensar los modelos tradicionales de transferencia, promoviendo un ecosistema ágil que facilite el vínculo entre la investigación científica y las grandes empresas productivas.

INNOVA-T: Viendo en retrospectiva tu extensa trayectoria científica ¿Cuál fue tu primer acercamiento a la idea de vinculación tecnológica con el sector productivo?
Ernesto J. Calvo: Cuando estudiaba en los años 70, había una idea muy fuerte sobre la necesidad de hacer ciencia aplicada, una “ciencia para el pueblo”, siguiendo los planteos de Oscar Varsavsky en Ciencia, política y cientificismo. En ese contexto, fue que llegué al INTI para hacer el doctorado, con un grupo dirigido por Carlos D´Alkaine y David Schiffrin, que habían vuelto del exterior y que, de alguna manera, respondían a la idea de que era necesario desarrollar una “burguesía nacional”. En ese momento el INTI trataba de hacer desarrollos propios, buscando lo que ahora llamamos “autonomía tecnológica”. La empresa FATE, por ejemplo, hacía microelectrónica y desarrolló una calculadora enorme llamada “Cifra”. Entonces, ahí fue mi primer contacto con la ciencia aplicada y la tecnología. Empecé a conocer ingenieros y las normas ASTM, todo un mundo diferente del que yo había visto en la Facultad de Ciencias Exactas. Mi contacto con el INTI me puso en relación con empresas pymes, por ejemplo, para desarrollar un electrolizador y reemplazar un producto importado; o también con grandes empresas, para resolver problemas de corrosión en represas de la cordillera; o asistir a la producción de hojalata de SOMISA. Tiempo después, cuando me fui a Estados Unidos, me di cuenta de que allá estaba pasando algo similar, había un gran esfuerzo por vincular el trabajo de las universidades con las empresas y con el Estado. A mí, por ejemplo, me pagaba la NASA y el Departamento de Energía para hacer desarrollos de ciencia básica, pero que tenían que ver con cosas aplicadas.
INNOVA-T: ¿Tu interés en el litio se relaciona con la posibilidad de integrar la investigación científica con los problemas que plantea la producción real?
Ernesto J. Calvo: Cuando fuimos a Jujuy en 2011 y vimos la magnitud de lo que significaba la producción de litio, las enormes áreas donde están los salares a 4.000 metros de altura, nos dimos cuenta de que, por primera vez, nuestro trabajo podía orientarse hacia algo verdaderamente estratégico para la Argentina. Sabemos que el mayor valor económico está en la renta minera, pero lo importante no sólo es tener grandes cantidades de litio bajo el suelo, sino también dominar la tecnología para extraerlo de manera sustentable. Nos dimos cuenta de que era necesario desarrollar un método que redujera los tiempos, pero sobre todo que no consumiera tanta agua, que no generara residuos y que no utilizara reactivos químicos. Porque el proceso actual, mayoritariamente, es el proceso de evaporación solar, que tarda de 12 o 18 meses, antes de pasar a la planta química para poder producir el carbonato de litio. Y en ese proceso, la relación entre los reactivos químicos que se utilizan y el carbonato de litio producido es de 4 a 1. Por eso nos pareció importante meternos ahí. Porque para poder tener verdadera capacidad tecnológica, necesitás mucha gente, muy bien entrenada, que aborde distintos aspectos. Fue así que se nos ocurrió una idea que después resultó ser realmente pionera: utilizar la misma tecnología que usan las baterías litio-ion, pero para extraer selectivamente el litio del resto de los iones que están contenidos en la salmuera líquida.
INNOVA-T: Esa innovación iniciada en el INQUIMAE de la UBA y CONICET no sólo fue premiada y patentada, sino que además derivó en la creación de una nueva empresa tecnológica. ¿Podrías contarnos cómo fue ese proceso?
Ernesto J. Calvo: Después de atravesar las etapas iniciales del desarrollo conceptual y de lo que se llama MVP (Minimum Viable Product), gracias a las cuales pudimos visualizar y demostrar el tipo de reactores que necesitamos para sacar litio de la salmuera, debíamos pasar a una tercera etapa: lograr que el reactor sacara litio en forma continua. Ahí nos damos cuenta de que nuestro ámbito académico, es decir la Universidad y el CONICET, ya no era suficiente para poder hablar con las empresas de gran tamaño que lideran el sector, como Albemarle, Toyota Tsusho, Eramet, Ganfeng, pero también Tecpetrol, SLB o Vista, ente otras. Entonces nos juntamos con Laring, una empresa química argentina con más de 50 años de trayectoria que cuenta con toda la infraestructura necesaria, y creamos Litiar® Sustainable eDLE SA, una start-up cuyo nombre se deriva de “litio argentino” y las siglas de “extracción directa de litio”, definida como un método “sustentable” que, en nuestro caso, es “eletroquímico”, de ahí la “e” minúscula. Por eso decimos que Litiar® es la primera y única empresa de Argentina que desarrolla extracción directa de litio por medios electroquímicos. Y ahora empezamos a competir con otras empresas del mundo, como Lithios del MIT de Massachusetts, que ha copiado algunos de nuestros desarrollos que habíamos publicado, o Electralith de la Universidad Monash de Melbourne, Australia. Empresas que forman parte de este nuevo ecosistema innovador, donde es común recibir 10, 20 o 30 millones de dólares de las grandes jugadoras como Río Tinto, Vista o Techint, para poder escalar el desarrollo. Ahí es donde apuntamos: tratar de conseguir capitales de riesgo (venture capital) para hacer crecer Litiar® y poder avanzar en el desarrollo a escala de planta piloto.

INNOVA-T – ¿Cuáles son hoy los principales desafíos para poder concretar vinculaciones tecnológicas con el sector litífero de Argentina?
Ernesto J. Calvo: Históricamente, los sistemas de vinculación tecnológica tienen una lógica matricial: de un lado los problemas, del otro lado las tecnologías. El sistema viene y nos dice “¿cuáles son las capacidades de su instituto? ¿Qué tienen? Tienen un pH-metro para medir pH. Bien, ¿qué empresa tiene un problema que necesita medir pH?” Pero eso no funciona así. Tampoco es cierto que, si yo me dediqué toda la vida a desarrollar una cosa, las empresas van a venir a pedirme justo eso. Las empresas pueden necesitar de mi capacidad para resolver sus problemas, que quizá no tienen que ver directamente con lo que yo estudio y lo que yo publico, porque al ser investigador puedo meterme en ese problema y en poco tiempo transformarme en un experto. Este es el gran valor de la ciencia. Por eso creo que, en paralelo, tendríamos que tener otro tipo de estructuras, que podría ser algún tipo de conglomerado público-privado, para canalizar inversión privada y financiar investigaciones. Hace como 40 años hubo un grupo de japoneses que fueron a visitar Case Western Reserve University y nos contaban que las empresas de punta, como Toshiba, Mitsubishi, Sony y Sanyo, competían entre sí abiertamente en el mundo capitalista, pero que había ciertos proyectos nacionales en el que se juntaban para financiar desarrollos conjuntos, como el área de baterías donde Japón quería ser líder respecto a Estados Unidos y Europa.
INNOVA-T – ¿Y cómo imaginas que podría darse esa dinámica en Argentina para promover más vinculaciones entre el sistema científico y las empresas productivas?
Ernesto J. Calvo: Una empresa como LitiAR® va a poder contratar servicios en el INQUIMAE o en otros institutos de CONICET, en Universidades públicas, en la Comisión de Energía Atómica o en el INTI. Esa puede ser una forma de inyectar dinero del sector privado en el sector científico. No para suplantar la inversión pública, que es necesaria, sino para sumar inversión en cosas específicas. Porque el INQUIMAE, el INIFTA de La Plata, el Instituto de Química de Córdoba, ya tienen una infraestructura y pueden brindar servicios de desarrollo de alto nivel a empresas como LitiAR®, que a su vez puede vender o asociarse con grandes jugadores. Con esto no estamos inventando la rueda. Es algo que sucede en Inglaterra, en Alemania, en Estados Unidos. ¿Qué mejor que aportar problemas reales de la industria local para que originen temas de investigación en el país? En lugar de seguir una línea de investigación que vemos muy atractiva en las publicaciones de un tipo en Estados Unidos o en Japón (que seguramente se originó porque una empresa le llevó un problema y después se puso de moda en el resto del mundo), podemos originar nuevas líneas a partir de los problemas industriales.
Innova-T: Los desafíos que presenta la producción local deberían estimular la creatividad científica para poder ofrecer respuestas tecnológicas…
Ernesto J. Calvo: Claro. El problema está en que, para hacer una carrera científica estamos obligados a hacer una ciencia “competitiva”. ¿Y cómo hacemos eso? Siguiendo las líneas de investigación internacionales que, en general, tienen que ver con algo muy aplicado que demandan las empresas en los países desarrollados. Un profesor en Inglaterra o en Alemania se mete en un tema porque está en contacto con la BASF o con ICI (Imperial Chemical Industries), donde le dicen: “Tenemos este problema, ¿podemos solucionarlo?”. Eso da origen a una nueva línea de investigación que, por ahí después no funciona, pero años después alguien lo toma en Argentina, o en Chile, en Brasil o en Burundi, y cree que es un tema importante, a pesar de que ya no sea de vanguardia. Lo que estoy diciendo ya estaba escrito en “Ciencia, política y cientificismo” hace años atrás. Por eso es clave entender la relación de la ciencia con la producción. ¿Qué es lo que le interesa a un científico? Le interesa la curiosidad, como dijo Milstein. Quiero subir al Everest porque nadie lo hizo. Quiero descubrir esta molécula porque nadie lo hizo. Pero eso alguien lo tiene que pagar. Entonces ahí aparece esta relación entre la ciencia, la tecnología y el mundo productivo.



